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MANADA DE BICIS:
CICLOTURISMO grupal en URUGUAY

Manada de bicis

Manada de Bicis es un grupo de cuarenta cicloturistas uruguayos, que sigue sumando ciclistas en cada una de sus aventuras de cicloturismo en Uruguay. La mayoría de quienes integramos Manada de Bicis comenzamos comprando la bicicleta en el contexto de pandemia, con la idea de despejarnos y evitar aglomeraciones, sobre todo para ir al trabajo. 

Lo que no nos esperábamos era que esa decisión de comprar una bici para salir un rato de casa, nos llevara a descubrir una gran pasión por rodar, y nos hiciera encontrar con personas que comparen este estilo de vida.

El origen del grupo comienza a partir del “Musimovil”, un proyecto colaborativo de reparto de cultura sobre ruedas, que rueda por las calles y barrios de Montevideo. El contacto con este proyecto fue lo que hizo que con el tiempo nos interesáramos en ir más allá de la ciudad. Impulsados por la idea de conocer y descubrir distintos rincones de nuestro país por medio del cicloturismo, fue que se formó la Manada de Bicis.

Las bicicletas que nos acompañan en nuestros viajes son variadas: plegables, híbridas, MTB y de ruta. Al principio nuestros viajes eran planificando rutas casi sin tener experiencia, solo cargando la bici y las ganas de rodar. De a poco, y a medida que se sumaban destinos a la lista, nos fuimos guiando por consejos de ciclistas de carrera, y aportes de algunos de los que forman parte del proyecto. Cada integrante aporta lo que le gusta hacer para que las travesías sean únicas, desde organizar, marcar la mejor ruta, documentar fotográficamente las salidas, apoyar a quienes lo necesitan en algún repecho, cocinar algo rico para compartir, y también con conocimientos en mecánica básica para reparar las bicis.

bicicletas

Cualquiera que sea la forma en la que decidas hacer cicloturismo, con amigos/as, solo/a o con personas que recién conocés, siempre existe un factor en común: las ganas de pedalear unos km mientras disfrutamos el paisaje de nuestro país.

Travesía Piriápolis- abril 2022

piriapolis

Nuestro viaje más largo hasta el momento fue de Montevideo a Piripápolis en abril del 2022, rodamos 200 km contando el regreso. La travesía duró tres días, y más allá del desafío que supone coordinar entre todos/as, se logró formar un grupo de 23 personas.

Cada uno colocó en su bici una parrilla para poder llevar las carpas, linternas, hornalla eléctrica, abrigo y alimentos. También se implementó la idea de enviar el equipaje por encomienda, ya que para muchos era la primera vez que realizaban un trayecto tan largo y esa fue la forma de animarse a ir. Creemos que las ganas lo son todo, por lo tanto, si lo que te impide salir a recorrer paisajes que quedan a muchos km es el miedo a no llegar por el peso de tu bici, podés empezar de a poco y con la posibilidad de enviar tu equipaje a destino, seguro lo lográs.

abrazo cicloviajero

La experiencia fue increíble, la mayoría de los participantes de esta travesía se siguen sumando a otros destinos, y también motivados/as por este viaje es que participan activamente del proyecto.

El cicloturismo no siempre significa hacer muchos kilómetros, se pueden realizar 20 o 30 km de distancia desde el centro de Montevideo, y encontrar paisajes ideales para ver un atardecer, hacer un picnic y tomar mate. 

Peluches
viajeros

Peluches viajeros

Investigando y viendo a otros cicloturistas, empezamos a implementar el compañero/a de algodón/trapo a nuestras salidas. Cada uno coloca en alguna parte de su bici su peluche viajero, puede ser alguno que tengas de la infancia o adoptado específicamente para acompañarte en la ruta. 

cicloturismo y los peluches viajeros

¡Poder pedalear sin límites, acampar o quedarte donde sea, es una sensación de libertad y plenitud que te invitamos a que experimentes algún día! Si querés saber más sobre nuestras salidas y encuentros, te invitamos a seguirnos en nuestras redes sociales como @manadadebicis.

ENCU 2022 -
Segundo encuentro de cicloviajeros en Uruguay

Antes de irte no queríamos dejar pasar la oportunidad de invitarte a pedalear hacia el próximo Encuentro de Cicloviajeros en Uruguay. Este será el 7, 8 y 9 de octubre en el camping Arequita, Lavalleja, y ¡Manada de bicis ya tiene cronograma para rodar!

Escribinos por más información a través de nuestras redes sociales: @manadadebicis y seguí todas las novedades sobre el evento en el Instagram de Cicloturismo Uruguay. 

¡Sumate a la aventura!

encuentro nacional de cicloviajeros uruguay

Cronograma

  • Jueves 6 – Salida a las 8 am desde Montevideo hasta Solís de Mataojo donde acamparemos (81 km)  
  • Viernes 7 – Pedaleamos hasta el Camping Arequita donde comenzará el ENCU al medio día (50 km)
  • Domingo 9 – Regreso a Solís de Mataojo donde nuevamente acamparemos (50 km)
  • Lunes 10 (feriado) – Regreso a Montevideo (80 km)

Especial agradecimiento al Musmovil, que con su iniciativa y dedicación, despertó esta gran pasión en muchos de nosotros/as.

Ludwika Zurano

Tengo 24 años, soy cicloturista y líder del proyecto Manada de Bicis. Descubrí esta gran pasión después de comprar mi primera bici plegable en el Geant, sin saber todo lo que se venía. Pretendía salir a dar alguna vuelta por la rambla únicamente, y hoy en día la bici es mi medio de transporte y mi dos en la ruta.

Lo que la bici le ha quitado a la guerra

Colombia no solo se ha gestado en la guerra, con y a pesar de esta, en los territorios han crecido iniciativas ciudadanas que le han hecho quite e incluso han sembrado vida a partir de esta. El título de este relato está inspirado en el libro Lo que le vamos quitando a la guerra, escrito por Soraya Bayuelo quien es premio Nacional de Paz de Colombia. Ella encontró en los medios comunitarios de comunicación un vehículo para transformar en memoria y reconciliación, las heridas de la guerra. Yo encontré algo muy similar en la bici cuando fui profe en la región del Urabá Antioqueño. Todo transcurrió entre el 2018 y el 2019. Para empezar, nos vamos a ir mucho más atrás. ¡Bienvenidos a conocer el poder de rodar para conectar!

PARTE I: El inicio de la bici en Urabá 

Si en los ochenta viajar de Medellín a Urabá por carretera “principal” era una proeza, ni hablar de transitar por las trochas a las veredas alejadas de los cascos urbanos de esta subregión antioqueña.

 -Profe, en Chigorodó había aeropuerto porque de Medellín a Urabá no había paso. Mutatá era el paso de la muerte, salía mejor coger avión. Así me dijo el papá de uno de mis estudiantes de sexto grado, quien recordaba que en lo que hoy es la pista de atletismo de Chigorodó, aterrizaban los aviones que viajaban de Medellín. – Unos 14 vuelos llegaban al día – decía el padre por mencionar cualquier número que evidenciara que esta era la única manera de llegar a lo que es conocida como la Tierra del Sol, región que comprende el Urabá Antioqueño, ubicada en la región noroccidental de Colombia.  

En esta misma década llegó a la región Jorge Humberto Osorio, un manizalita que arribaría a Apartadó buscando una mejor vida. Llegó a montar su taller de reparación de máquinas agrícolas, al cual llegaban campesinos con guadañas fundidas. La pasión de Jorge Humberto por las “máquinas” se extendía más allá de aquellas que trabajan el campo, su pasión estaba en aquellas que le permitían recorrerlo: la bici, la cicla, el caballito de acero. Nada de lo que hacía en su taller era en vano.

Los campesinos que llegaban a este no eran clientes, se convertían en amigos a quienes tiempo después visitaría pedaleando. Jorge era de los pocos que arribaba a esas veredas a las que no se podía llegar, y no por falta de vías de acceso, porque trocha había, sino porque la entrada a estas estaba en manos de actores armados. Primero, de un bando: la guerrilla, y del luego del otro: los paramilitares -que hoy día no se han ido porque no son foráneos. Para ese entonces, había más prevalencia de los últimos que de los primeros. 

“Ellos, los campesinos, quienes un día me buscaban para que les arreglara la herramienta de trabajo, al siguiente fin de semana me recibían a mí y a los únicos dos gatos que montábamos MTB en Urabá. Pedalear aquí era y es un paraíso: trochas que llevan a ríos, trochas que suben a la Serranía de Abibe, trochas que conocían pocos

Afirma Jorge Humberto. 

Un lujo natural pero no social, porque el tema no era de escasez. Billete había. O hay que recordar los vuelos diarios que si bien no eran 14, eran varios. Ana María Bejarano (1988), indica en sus investigaciones que Urabá producía más del 70% de la producción bananera del país que en este entonces ocupaba el cuarto lugar en exportación de este producto en el mundo. Los 200 millones anuales que le entraban a Colombia por exportación bananera en los ochenta no se veían reflejados en el progreso social de la región. El dinero estaba en manos de solo unos cuantos y por supuesto muy lejos de los campesinos amigos de Jorge. Estadísticas del DANE de ese entonces (1986), evidencian cómo la inversión social en salud, educación y servicios era precaria. Para una región que en su época tenía aproximadamente 200 mil habitantes, que generaba un flujo de capital de dichas proporciones, tener solamente 6 hospitales básicos podría parecer irrisorio. Al igual que su cobertura de servicios. Por decir un ejemplo, tres de los municipios más representativos: Arboletes, Apartadó y Chigorodó, tenían una cobertura inferior al 50% del sistema de alcantarillado. 

Esta desigualdad fue difícilmente desapercibida por Jorge. Lejos de querer negarla, su primer objetivo fue conocerla. Jorge recorrería los mismos caminos que transitaban sus amigos campesinos, pero no solo para ir de un punto a otro probando su fuerza y resistencia sobre la bicicleta. Su andar lo impulsaría las ganas de conectar con esas otras caras de las miles que tiene Urabá. Así que empezó a convocar a amigos cercanos para aventurarse a conocer la región a punta de pedal. Su primera campaña se llamó Sumando Sonrisas, con esta, logró llevar kits escolares a veredas lejanas, articulando las caras de una región desconectada por la economía de enclave, la guerra, la injusticia y el negocio ilegal.

Para Jorge, recorrer las trochas que se abrían paso en el verde bosque de la Serranía de Abibé, entre ríos, y cientos de pajaritos, era tan solo una parte del camino; conocer quienes las habitaban era más importante. Así, su prioridad se convirtió en hacer del ciclismo una actividad de impacto social.

No vinimos solo a pedalear, vinimos a hacer del pedal un puente para ayudar.

Exclama Jorge.

Así que a su morral le amarraba un balón, empacaba un par de kits escolares y mercados, e inspiraba a quienes le acompañaban a hacer lo mismo. No llegaban a las veredas a parar en una tienda, tomarse una cerveza y seguir el camino. Llegaban con las manos llenas y el corazón preparado para dibujar sonrisas a las personas de esas veredas que las que les extraían todo, pero no les llegaba nada. En palabras de Jorge: llegar en bicicleta por los propios medios, generaba admiración. 

Y sí, recibir en el lugar que vives y casi nadie visita, a un ciclista que ha invertido un esfuerzo físico y mental importante, genera un sentimiento que es para mí unos de los pilares de la conexión humana: la curiosidad. Con esta llegan las preguntas y una buena conversación.

UN PARÉNTESIS: Mi turno de recorrer esta región a punta del propio motor

En el 2018, casi 30 años después de la llegada de Jorge, aterricé en el Urabá como profe del programa Enseña por Colombia en un colegio urbano del Municipio de Chigorodó. En la semana santa de ese mismo año agarré mi bicicleta y con un amigo nos fuimos a recorrer 7 de los 11 municipios de Urabá. Durante este viaje recogí todos los frutos que había sembrado Jorge y pude recorrer por mis propios medios las trochas que antes eran intransitables, que estaban en disputa o eran tierra de otros.

En realidad, el dominio de estos caminos por los actores armados no es cosa del pasado. Pero sentí cómo el ciclismo le había ganado terreno.  Arrancamos un día cualquiera de marzo: platanales, ríos, cultivos de maracuyá, comer fruta a borde de camino y muchos encuentros con personas maravillosas nos acompañaron todo el camino. Respondí en varias ocasiones a esas preguntas que solo surgen cuando se anda a dos ruedas: ¿por dónde vino?, ¿cuánto tiempo se tomó?, ¿muy duro el camino?  

El encuentro a dos ruedas siempre genera preguntas y dónde hay preguntas hay conexión.

Tuvimos la fortuna y la sorpresa de tener todo tipo de encuentros: con campesinos, tenderos, amigos e incluso un retén paramilitar preguntando hasta dónde íbamos a rodar. Pero la bici rara vez la detienen completamente y siempre seguimos como siguió Jorge cuando abrió el camino.  Cada vez más cargados de sonrisas, conexiones y aprendizajes. En la primera etapa arranqué de Chigorodó a Turbo, 67 km de una carretera pavimentada, plana y sin mucha variación en el paisaje: cultivos de plátano al lado y lado que muestran cómo este monocultivo es la base de la economía de la región. Como telón del fondo, al costado occidental, me acompañaba la Serranía de Abibé. Con el avanzar de los kilómetros la Serranía va desapareciendo para abrirle paso a las planicies de la costa caribeña.

Llegué a Turbo a encontrarme con Richie, otro profe del programa Enseña por Colombia. Al día siguiente arrancamos a San Pedro de Urabá. Cogimos rumbo a la Serranía por un desvió que sale hacía el occidente de la carretera. Vendría el único Alto del todo el recorrido: Mulatos. 3 cortos kilómetros de carretera destapada que nos llevarían al municipio que mezcla por excelencia la cultura cordobesa y la antioqueña. En total fueron 50 kilómetros con muy poco desnivel. En este municipio las condiciones eran distintas, la sensación de seguridad era extraña: nada pasaba, pero te sentías profundamente vigilado. Aquí el dueño de lo que se hace y deja de hacer no es propiamente el Estado, son otros y la relación de estos con las instituciones es completamente difusa por no decir otra cosa.

Al día siguiente partimos desde aquí hasta Arboletes para llegar por primera vez en mi vida pedaleando al mar. Nos advirtieron que la vía secundaria era un terreno vigilado y controlado por los paramilitares. Indicaron que seguramente no habría problema, pero tendríamos que lidiar con un retén. Y así fue. Salimos de San Pedro muy temprano en la mañana y cogimos la carretera destapada que conducía al corregimiento de Santa Catalina, reconocido por ser la sede de Carlos Castaño uno de los líderes de las Autodefensas Unidas de Colombia. Para nadie es ni será un misterio que aquí vivía y su negocio se movía. Tanto así que había pista de aterrizaje para sus avionetas.

Continuamos el camino hasta la “y” que desvía a Montería o a nuestro destino final, justo en este momento nos “pararon”. Para una citadina que ha visto la crudeza con la que los medios retratan la guerra, este pudo haber significado un momento de mucho miedo, pero no lo fue. Solo una charla, un par de palabras, claridades y seguimos. Quizá nos dejaron seguir por profes, o ciclistas, o por qué estaban de buen ánimo. Aunque son perversos, en realidad han logrado legitimarse no mostrándose tan malos y es fácil creerles. Tanto así que no sentí ni cerquita miedo, quizá porque en sí son humanos, pero en la guerra siempre lo olvidamos.

Antes de llegar a Arboletes ya divisábamos el mar a los lejos: 87 kilómetros después de rodar habíamos llegado. Ese día justo la selección Colombia jugaba contra Rusia, y aunque se suponía ser un día de celebración, en realidad nos enfrentamos a una situación que nos estremeció por un buen rato. ¡A Richie le robaron los tenis!  Después de un tire y afloje, los recuperamos dialogando con el “pelao” que los había tomado prestados-sin-permiso. Me preguntó que qué le iba a dar, le dije: “Nada. El bien se hace porque sí, ya está”.

Nos fuimos con el sinsabor de no haberlo recompensado, pero el dinero creí no sería la mejor manera. Así que en un pedazo de servilleta le escribí un poema. Richie le hizo una figura en origami. Quizá no era lo que él esperaba, pero al menos tendría la satisfacción -espero- que dos personas se pausaron y crearon para él.

Al día siguiente arrancamos a Necoclí, la Perla del Caribe, 100 kilómetros de carretera pavimentada, muy caliente, llena de “repechos” (pequeñas rampas). Una carretera bordeada por el mar, los guayacanes, los cultivos de níspero y guanábana. De las últimas nos comimos las mejores: cultivadas por Teófilo y sus 7 hijos. “Como guanábana que eso le da cañaña”, dijo Teófilo. Y sí que tenía razón porque qué energía la que nos dio. En Necoclí disfrutamos de la playa, los amigos y el mar. Un par de días de descanso antes de la etapa final. La última fue desde ahí hasta Chigorodó: 100 kilómetros de regreso de disfrute y satisfacción de una vuelta llena de paisaje, gente berraca y matices. Un recorrido para reflexionar cómo incluso con la guerra latente la gente ha seguido andando, tanto cómo nosotros pudimos hacerlo.

PARTE II: La bici llegó para quedarse

Jorge abrió camino incluso en los lugares más retadores. En el 2017 Sumando Sonrisas llegó a Saiza, un corregimiento en el Municipio de Tierra Alta, Córdoba, al que hasta hace muy poco solo se podía llegar desde Carepa, Antioquia. Después de masivos desplazamientos a causa de dos tomas al pueblo, una a manos de la Guerrilla en 1988 y otra a manos de los Paramilitares en 1999, Saiza perdió por despoblación la categoría de corregimiento convirtiéndose en un pueblo fantasma, aun cuando residía gente en este. La escuela no tenía profesores, el puesto de salud dejó de atender y más de 3.000 familias salieron del pueblo.

En el 2017, Jorge convocó una pedaleada para construir un parque infantil. La rodada inició en el municipio de Carepa. Este recorrido es quizás uno de los más emblemáticos de la región, pues es el ascenso transitable más largo a la Serranía de Abibe. La etapa tiene dos tramos: 25 kilómetros de ascenso hasta la vereda el Cerro, y luego otros 20 de descenso hasta Saiza. Fueron convocados 9 equipos de MTB y 4 delegaciones campesinas. Para los habitantes del pueblo recibir a decenas de ciclistas y construir de la mano de ellos, un lugar para divertirse, jugar y compartir fue un punto importante en el largo camino que lleva Saiza para reconstruirse.

En el mes de febrero de 2019 se convocó una pedaleada a la vereda San Miguel, del municipio de Apartadó. No la organizaron solo los ciclistas, se hizo de la mano de las personas de la comunidad: -hacemos un sancocho que a todos les guste, y con lo que se recoja hacemos un buen puente para que los niños puedan pasar el río e ir a la escuela. – propuso Jorge.  Cada líder convocó a su grupo. Si antes Jorge iba con 10 amigos, en esta pedaleada éramos más de 50. Ir a los lugares no es cuestión de transitar, sino también de conectar y por qué no de construir juntos un lugar mejor.

Hoy día existen más de 50 clubes amateurs en la región y con esto, líderes que logran convocar a sus equipos para pedalear varias veces a la semana e incluso varias veces al día. Estar en el Urabá es darse el lujo de adentrarse en una trocha en plena noche, pues siempre hay algún equipo que se aventura a desafiar algún trecho que conduce a la Serranía de Abibe o visitar el municipio aledaño; sean los correcaminos de Chigorodó, los Halcones de Turbo, MTB Urabá de Apartadó, entre muchos más. Cuando los movimientos crecen es posible que su objetivo original se transforme.

El espíritu de ser un deporte de impacto social no ciñe a todos los grupos, pero no por esto han cesado las pedaleadas para construir de la mano de la gente de las veredas, nuevas posibilidades. Los caminos que conducen a las veredas no les pertenecen a los ciclistas. Por fortuna no han sido conquistados por estos, porque si algo ha enseñado Jorge es que la idea es que el ciclista no se apropie de los lugares que transita, simplemente que los recorra en libertad, reconociendo a quienes los habitan y motivando a que juntos se sueñen un mejor lugar: uno para mejor vivir y pedalear.

A decir verdad, los caminos y veredas siguen siendo de ellos, los innombrables que varios conocen e incluso defienden; en tierra donde quien agrede también protege, las líneas de héroe y villanos son difusas. Sin embargo, la guerra ya no es dueña de los miedos, las ganas y la posibilidad de rodar le han ganado al terror y temor que la violencia profundamente había infundido. Definitivamente, el ciclismo ha llegado a lugares donde la guerra a ningún otro le había permitido entrar.

“Cuando se llega en bici, se llega con el alma renovada y el cuerpo cansado. ¿Quién combate después de echar biela?”

Dice Jorge. Donde antes sonaban solo las botas de la guerra, hoy suenan las cadenas de las bicicletas. 

El sueño de Jorge es que la bici le quite a la guerra no solo el dominio sobre los caminos, sino también y aún más, sobre la vida de los niños de la región. Él busca que se forje acero para pedalear, que se coronen subidas y no que se cobren vidas. Por eso, hoy le apuesta más que nunca al semillero infantil de MTB, apoya a un ciclista joven que se apoda Matrix que está entrenando en la Ceja para a entrar al ciclismo de ruta profesional y organiza travesías anuales para llegar a los lugares más emblemáticos y remotos de esta tierra que no por nada en Emberá significa Tierra prometida. 

Lo que la bici le ha quitado a la guerra lo ha hecho a través del mejor combate: del que no se hace de frente ni con violencia. Llegar por los propios medios, a punta del propio motor -piernas, mente y corazón- cautivó la pasión de más de uno en la región. El país tiene mucho que aprender de este movimiento que no es solo deportivo: es social y ciudadano. El tejido social, el cambio de hábitos, el movimiento en otros sectores de la economía son dignos de ser reconocidos.

El ciclismo de Urabá deja la lección de que los rincones no solo hay que andarlos, llegar a comer un par de bocadillos, barras, salpicones y limonadas, dejando la basura y yéndonos cómo si nada. Ojalá que la fuerza que se invierte en andar y coronar, también se invierta abrir nuevos caminos geográficos para generar conexiones con estos lugares y las personas que los habitan. Reconocimiento mutuo, y un andar tranquilo a ritmo de biela y no de guerra.

NATALIA RAMOS

Estudió ciencia política y psicología en Bogotá, Colombia; y descubrió que el deporte y el arte son vehículos potentes para entender la mente y articular el cambio que estudió en sus carreras. Le encanta bailar, rodar.

Presstrip Bicitranscat- Via verde de Carrilet I

BICITRANSCAT: NUEVO PROYECTO EUROPEO DE MOVILIDAD SOSTENIBLE

Turismo en bici

BICITRANSCAT: NUEVO PROYECTO EUROPEO DE MOVILIDAD SOSTENIBLE

Ruta Pirinexus LitoralEl cicloturismo puede ser muchas cosas, paseo de un día, viaje de vacaciones, experiencia de un año, y hasta un estilo de vida. Lo cierto es que para cualquiera de ellos contar con espacios donde poder pedalear tranquilos, sumergidos en la naturaleza y la cultura, sin necesidad de andar esquivando o la preocupación de ser esquivados por autos que van a un ritmo totalmente diferente, es una verdadera satisfacción. Los beneficios del uso de la bicicleta a nivel urbano son miles, desde la salud física y mental, hasta el impacto medioambiental, pero, ¿qué hay del ciclismo como forma de turismo? Claro está que los beneficios mencionados anteriormente aplican al cicloturismo, pero también otros como el desarrollo de un turismo responsable y consciente, en contacto cercano con la cultura local.  Una forma de turismo lenta, que conecta los rincones geográficos por más remotos que sean, y que por esto puede significar también un motor económico para pequeñas localidades a las que el turismo motorizado probablemente escaparía. Ahora bien, el mundo de personas viajando de formas alternativas va creciendo, y la bicicleta sin dudas está arriba en el ranking, pero así y todo no son muchos los países a nivel mundial que se han tomado este tema en serio. Tomaremos hoy un ejemplo de iniciativa de desarrollo de la ciclotruta BiciTransCat en Cataluña, con sus puntos fuertes y sus debilidades, e invitamos a pensar su aplicabilidad en otros países. 

Jornada final del proyecto europeo Bicitranscat

El pasado 19 de mayo se celebró en Girona la jornada final del proyecto europeo BiciTransCat, el cual plantea como objetivo principal el trazado de una vía alternativa para la bicicleta entre los principales destinos turísticos de Girona y los Pirineos Orientales, apostando también a la intermodalidad combinando tramos ciclables con rutas en tren y bus. La nueva ruta Pirinexus Litoral se ubica en torno a las rutas EuroVelo 8 “La Ruta del Mediterráneo (Cádiz-Atenas)” y Pirinexus, y supone una alternativa litoral a las carreteras a menudo saturadas en temporada de turismo. El nuevo tramo ciclable une Figueres con Perpiñán, para lograrlo se mejoraron tramos ya existentes convirtiéndolos en aptos para ciclistas y se construyeron otros nuevos, también se trabajó en instalación de señalización. Asimismo, se propone la intermodalidad en el tramo costero entre Vilajuïga y Angelès-sur-Mer. Durante los dos días de Presstrip tuvimos oportunidad de recorrer dos tramos de ruta ciclable y conocer algunos emprendimientos y proyectos relacionados con el turismo en bicicleta. 

Vía Verde del Carrilet I

Vía verde Carrilet I - mayo 2022Según la Declaración de Lille el 12 de setiembre del año 2000, se entiende por vías verdes: “Vías de comunicación autónomas reservadas para los desplazamientos no motorizados, realizados en un marco de desarrollo integrado que, valorando el medio ambiente y la calidad de vida y respetando condiciones suficientes de anchura, pendiente y calidad del firme, garantizan una utilización en convivencia y seguridad a todos los usuarios, con cualquier capacidad física”. En este sentido, la utilización de los caminos de servicio a canales y de las vías de ferrocarril abandonadas constituyen un elemento privilegiado para el desarrollo de las vías verdes.

La primera visita durante el Presstrip fue a un tramo de unos 20 km de la Vía Verde del Carrilet I que va desde Girona hasta Olot. Todo el recorrido fue totalmente separado de los vehículos motorizados y la vía se compartía entre ciclistas y peatones. A lo largo de la ruta nos encontramos con varios puntos señalizados e información de interés con relación a los recursos naturales del lugar, así como también históricos. A esto se le aúna el proyecto Secretos de las Vías Verdes “el cual tiene como objetivo el promover y mejorar la interpretación del territorio por donde pasan las vías verdes. La idea es dar a conocer elementos patrimoniales, culturales y naturales que aporten valor añadido a las rutas, generen impacto económico en los diversos municipios y promocionen elementos que actualmente son poco conocidos por los visitantes a pesar de su valor patrimonial.” Para realizar este recorrido se contó con la participación de la empresa Cicloturisme quien además de alquiler de bicicletas, organiza viajes en bicicleta por todo Europa. 

Carteleria vias verdes gironaEsto nos lleva a ver que una vez tendidos los trazados, las posibilidades turísticas de acercamiento al territorio son infinitas y de muchos colores. ¿Cuán más motivados muchos se sentirían a emprender viajes en bicicleta si algunas de estas propuestas se desarrollaran en más países? Sin dudas, con la infraestructura necesaria, el mundo del cicloturismo sería aún más amplio; sin mencionar el impacto socioeconómico que tendría sobre el territorio que el trazado recorriera.

nueva Pirinexus litoral

Durante el segundo día de Presstrip la ruta se dirige al primer tramo ciclable de la nueva Pirinexus Litoral, en parte de un recorrido de 45 km que comienza en la ciudad Figueres y concluye en el municipio de Vilajuïga, donde para continuar se apuesta a la intermodalidad, combinando la bicicleta con el tren o bus. 

Mapa Bicitranscat - Pirinexus LitoralEl recorrido cuenta de varios tramos independientes a la movilidad motorizada, y otros con espacio compartido. La señalización, si bien aún no está colocada, es parte del proyecto, y se espera que para principios de junio ya quede toda instalada. En este recorrido la empresa que nos acompaña es Centre Bike Girona, la cual ofrece además del alquiler, varios servicios para sus clientes, tales como estacionamiento cerrado, service, tienda, etc. 

En Vilajuïga, el final del recorrido, como mencionamos anteriormente, propone la intermodalidad, y si bien a primera vista suena muy atractivo, nos encontramos con algunos inconvenientes y trabas planteados por usuarios. En primer lugar, el proyecto, si bien plantea la intermodalidad no tuvo comunicación con las empresas de medios de transporte involucrados en esta intermodalidad, por lo que a nivel práctico no se torna tan fácil subir espontáneamente, o siquiera de manera planeada, bicicletas a los trenes o buses de la zona. A esto se le suma la poca frecuencia de este medio de transporte, lo cual hace parecer a la idea de intermodalidad más un concepto ideal lanzado al aire y del cual el usuario debe encargarse, como pueda, que parte de un proyecto planeado. 

“El proyecto «EFA156/16 BiciTransCat» tiene un presupuesto de 4.689.269,25 euros cofinanciados al 65 % por el Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER) a través del Programa Interreg V-A España-Francia-Andorra (POCTEFA 2014-2020), un 25 % por la Diputación de Girona (a los socios catalanes), como socio asociado al proyecto, y un 10 % de autofinanciación del Consorcio de las Vías Verdes de Girona.

El Comité de Programación del POCTEFA 2014-2020, celebrado el 8 de noviembre de 2017 en Biarritz, aprobó la resolución de la segunda convocatoria con 62 proyectos de cooperación transfronteriza y 71 millones de euros del Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER). Entre ellos, aprobó el proyecto «EFA156/16 BiciTransCat».”

Sin dudas habrá mucho en lo que seguir trabajando, pero son incuestionables los logros que se han conquistado a lo largo del tiempo. Lo que nos lleva a pensar como cualquier pequeña acción o mirada hacia el desarrollo de lugares seguros para las bicicletas y peatones puede ir creciendo y transformarse en kilómetros de vías ciclables. Hoy en día Vies Verdes Girona cuenta con casi 400 km de trazado, de los cuales 125 km son vías verdes nacidas de la recuperación de antiguas vías férreas convertidas en caminos ciclables, y el resto terminan de conformar la ruta Pirinexus. El Consorcio de les Vies Verdes de Girona nace en 2003, por lo que tomó casi 20 años el desarrollo del trazado que vemos hoy, nada es hoy sin un comienzo. Esperemos que más países vean el potencial del desarrollo de infraestructura para la bicicleta como forma de atraer un nuevo tipo de turismo, uno más amigable con el entorno y las personas que lo habitan, pero si nos cansamos de esperar recordemos también que muchos de los cambios suceden porque alguien da la primera pedaleada.

Texto: María Eugenia Olives
fotografía: Sebastián Remualdi