PATAGONIA A PEDAL

Pedaleé 1600 kilómetros recorriendo experiencias únicas. Por Parques Nacionales, por la Carretera Austral, por la Ruta 40. Por asfalto, ripio, barro y arroyos. Sí, vadeé arroyos. Lo hice con mañanas de frío, tardes de calor intenso. También con lluvia, viento a favor y sobre todo con viento en contra.

Anduve por valles, costas y montañas. Entre selvas valdivianas, bosques y el Pacífico. También por la agotadora estepa patagónica. Subí la cuesta Moraga, Queulat y la del Río Bravo. También las bajé y me atrevo a asegurar, con los pocos años que tengo, que no hay mayor sensación de libertad que ser despeinado por la velocidad de una bajada y el aire puro del campo. 

Dormí debajo de un puente, en una playa, en muchas playas. En refugios, casas abandonadas, un restaurante abandonado, hostels y campings.

Me bañé en ríos y lagos. En duchas frías y que placer reconfortante, que lujo mundano, las duchas calientes. 

Fiordos chilenos, característicos de la ruta. Carretera Austral
Chile. Marzo 2019.
Fiordos chilenos, característicos de la ruta. Carretera Austral, Chile. Marzo 2019.

Hice dedo y me llevaron dos señoras francesas hasta Río Tranquilo. Allí acaricié el mármol de las cavernas y luego sentí el frío de la escarcha en Villa Cerro Castillo. También me ofrecieron llevarme y me negué.

Me despertó la energía de 80 personas con ganas de plantar. Desayuné en frente de glaciares, lagos y del Fitz Roy. Desayuné con la brisa marina y el silencio del bosque. Desayuné los panqueques de Paty en Contao, mermelada casera de ciruela, mucho pan amasado y tortas fritas, incluso las que hice yo para no gastar tanto dinero. 

No vi Huemules.

Vi al sol salir en el lago Vargas y el lago Leones. Lo vi aparecer tras las mesetas esteparias. Vi cómo encendía las paredes de El Chaltén y lo esperé con ansias a orillas del Futalaufquen. Escuché como hacía vibrar al gigante glaciar Perito Moreno y al Ventisquero Queulat. También lo vi irse. Detrás del Pacífico y del Cerro Torre. Entre álamos otoñales y lengas furiosamente rojas; entre valles, quebradas y montañas. 

Caminé El Chaltén de madrugada, día y noche. Caminé cuando la subida, el barro o la combinación de ambos no me dejaban pedalear. 

Refugio cicloviajero sobre la Carretera Austral a la salida del Ventisquero Queulat, Chile. 2019
Refugio cicloviajero sobre la Carretera Austral a la salida del Ventisquero Queulat, Chile. 2019

Reí, me emocioné, me asombré, salté, bailé, me enojé, reflexioné. Me inventé y reinventé.

Me alentaron desde autos, camionetas, bondis y camiones. Me convidaron manzanas, pan amasado y muchos mates. Le conté de mis historias a grupos de jubilados en el mirador del Río Cisnes y a Terri y su esposo. Me reí mucho con ellos.

Escuché atento el cariño con el que Colette y Hugh hablaban de sus hijos. Lo mismo hice con las historias de los brigadistas que combatieron el incendio forestal del 2015 en Cholila.

Compartí cervezas sentado en una esquina, en un bar, en el banco de una plaza, viendo a River y con Jose, Dai y sus amigos. En una pizzería con Guilhem.

No vi pumas.

Tuve cenas de bienvenida y despedida. Enseñé a Le, de China, a hacer un asado. Le me invitó un asado. Ian me abrió un lugar en el fogón con su familia francesa. Compartí un fogón con 80 personas en el medio del bosque andino. Conocí gente increíble que probablemente no vea nunca más en mi vida, otras me las crucé de vuelta.

Lago Rivadavia camino a Cholila desde Esquel Parque
Nacional Los Alerces, Argentina. 2019.
Lago Rivadavia camino a Cholila desde Esquel Parque Nacional Los Alerces, Argentina. 2019.

Compartí música con Juan, Agus, Tobi y Firu. Guitarreamos con un japonés temas de Silvio Rodríguez y Ed Sheeran, cantamos a los gritos “Imagine”. Canté “El Sensei” con franceses en un hostel y con muchas personas a orillas del Lago Cholila. Brotaron chacareras y zambas desde muy adentro.

Arreglé la cadena, parrilla, frenos y cubiertas de mi bici. Lavé platos y acomodé leña para que no se haga caro dormir sobre un colchón y para dar una mano.

Perdí muchas cosas, soy despelotado. Encontré muchas otras, soy afortunado. 

Navegué el Pacífico tres veces, el lago San Martín, el General Carrera y el lago Del Desierto. Miré las estrellas solo y con otros. Vimos la luna llena asomarse naranja y a cuenta gotas detrás de las luces de Cholila.

Sí vi cóndores. Muchos.

Parque Nacional Pumalín, carretera Austral, Chile. Marzo 2019.
Parque Nacional Pumalín, carretera Austral, Chile. Marzo 2019.

Imaginé un mundo mejor. Solo y junto a argentinos, chilenos, franceses, chinos, estadounidenses, brasileros, marroquíes y con Sam de Nueva Zelanda. Con Pedraco de España, que me recordó el valor del momento presente. Hicimos un mundo mejor con ochenta personas lo suficientemente manijas como para viajar miles de kilómetros hasta Cholila y sanar un bosque degradado. 

Hablé, escuché, aprendí y desaprendí. Me abrazaron y también abracé.

SANTIAGO FERNÁNDEZ PEÑA

Me gusta viajar de manera poco convencional, apostando por la cultura y poder disfrutar de la lentitud que tiene el detalle. Por eso me parece increíble viajar en bici y que mejor que recorriendo la Patagonia donde nací.

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